Mitos y Leyendas de Colombia

PUTUMAYO
 
Leyenda del Churumbelo

A doce horas de camino de herradura, hacia el occidente de la loma que separa las cuencas de lo ríos Afán y Caquetá, existe un salto que avienta las aguas a un precipicio por todos desconocido. Se dice que en la parte más alta del caudal habitó una tribu de la familia de los ingas y dejó inscripciones en las rocas y vestigios de su civilización.

Un tesoro oculto llama la atención y llena de prestigio la leyenda del Churumbelo, diciéndose que en el fondo impenetrable, alguno vio un muñeco de oro macizo, del tamaño de un niño.

Varias personas se han acercado en tiempos de verano al torrente y han visto en las concavidades de las rocas amarillear el oro, que es imposible de recoger, porque allí ocurren fuertes y huracanadas tempestades. Además, quienes llegan hasta allí hablan también del Churumbelo un espíritu, el del rayo o el del huracán, el dios de la montaña o un uattì malévolo, que equivocan los pasos de los aventureros, tuercen los caminos, y les hacen crispar los nervios hasta caer desfallecidos.

Hacia el sur del Churumbelo en las mismas faldas donde cae el río Afán, está la famosa chorrera encantada, que es un torrente que se precipita a un hoyo profundo de la roca, la cual se divisa desde muy cerca de Mocoa, situándose en la carretera Mocoa-Pitalito.

Ponchayaco es el nombre del río que forma esta bella cascada y desde sus cabeceras, en donde hay una mina de cristal de cuarzo, rodó un pedazo de tierra que tenía 30 gramos de oro.
  
La Fueteadora

El indio semidesnudo se retorcía en su hamaca, presentaba grandes hematomas en las piernas y en la espalda. Colgada de un palo que servía de cerca se hallaba una larguísima, delgada y horrible víbora.

Tres días permaneció postrado el enfermo al cabo de los cuales se levantó apoyado en un bastón haciendo esfuerzo sobrehumano para caminar. Al cabo de 15 días el aborigen no presentaba en su cuerpo rastros de la paliza recibida por parte de la serpiente, pero la secuela continuaba, nadie podía caminar junto a él ya que su andar se volvió bastante rápido, casi corría como huyendo de la sombra de algún fantasma y todo a causa de la fueteadora.

La fueteadora es una serpiente propia de las selvas de Putumayo, que no muerde pero a cambio de ella menea a las personas y con su cola les da una tremenda paliza hasta hacerla verter sangre; posteriormente se desenreda y se pierde entre la maleza. En lugar del veneno mortal de otras serpientes, deja a las víctimas una secuela para siempre: se duplica la velocidad normal de su caminar.
 
 

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